Manolo Torres

Rodolfo J. Guerrero Z.

guinea

Manolo Torres, criador.

Entrevista por: Rodolfo J. Guerrero Zúñiga

RJGZ – Tengo el gusto de encontrarme en Morelia, con el titular del Rancho Las Trojes, Manolo Torres, quien me ha hecho favor de recibirme, llevarme a dar un recorrido y conocer las instalaciones. Comenzaré agradeciéndote, mi querido Manolo, tu magnífica disposición y el tiempo que me has concedido. ¿Cómo empezaste en los gallos?

 

Manolo Torres – Antes que nada, estoy para servirte, a ti y a cualquier aficionado a los gallos. Empecé como a los 11 años, más o menos. Vivíamos en México y éramos vecinos del Lic. Memo Bustamante; desde mi casa veíamos los pollos que él criaba. Entonces, él le regaló un gallo a mi hermano mayor, y a partir de ese momento comenzaron a gustarme y empecé con esto. Tuve ese gallo y luego compré una gallina.

 

RJGZ – ¿Cómo la conseguiste?

 

 

Manolo Torres – En el mercado. Mi madre me llevó a comprarla. Se la puse al gallo, ésta puso un huevo y la llevábamos a incubar con el Sr. Soquet, en Las Águilas, y así empecé. Pocos años después, en la granja, en un rancho que tenía mi papá en Tepotzotlán, Estado de México, empecé a criar algunos gallos más, 50 ó 60, poco a poco, con gallos y gallinas de Memo Bustamante, un gallo del Dr. Pizá (que él le compraba a Jumper). Debo haber tenido unos 14 ó 15 años, hasta que llegué a dedicarme de lleno a esto.

 

RJGZ – ¿Qué ocurrió después con esos gallos?

 

Manolo Torres – El estilo de esos gallos era muy diferente. Unos los vendí, otros los jugué; me fue muy bien con los que jugábamos en la región de Tepotzotlán. Eran gallos muy ganadores, muy buenos para ese tiempo. Eran unos gallos impresionantes, pollos hermosos, así los recuerdo. Hace unos 3 ó 4 años fui a visitar a mi mamá y me dijo: “Quiero enseñarte algo que te va a gustar”. Y en su cuarto de televisión, tenía puesta una pantalla y un proyector viejísimo, súper ocho, y me enseñó una película donde estaba grabada esa parvada. Yo no recordaba que mi mamá la hubiera filmado… y la verdad es que me llevé una decepción terrible cuando vi a mis pollos. Yo los recordaba como unos pollos preciosos y en realidad eran pollos muy malos, muy feos.

 

RJGZ – Pero te funcionaron en aquel momento.

 

Manolo Torres – Sí, siento que en su época fueron buenos; lo que pasa es que la imagen que tenía de ellos era distinta de la realidad.

 

RJGZ – ¿Cuántas familias tienes hoy en día? Tengo entendido que ahora ya son totalmente tuyas, independientes de su procedencia; sin embargo, originalmente, trajiste unos giros de Oklahoma. ¿Podrías contarnos un poco acerca de ello?

 

Manolo Torres – En efecto, traje unos gallos de allá, de David Crater, eran giros, de cabeza redonda, fuertes y muy buenos; eran para don Gonzalo Monroy. Ése es el origen de mis giros, porque me quedé con dos gallos de ellos, que me regaló don Gonzalo a través de Memo Bustamante. Eso ocurrió hace unos treinta años, aproximadamente. De esos gallos hice tres familias: una patas verdes, otra patas blancas y la tercera patas amarillas; en los tres casos, son de cabeza redonda y de cuerpos muy similares: un poco largos, muy bonitos y de un estilo de pelea muy semejante también.

 

RJGZ – ¿Ésas son las familias que mantienes hasta ahora?

 

Manolo Torres – Sí, los mantengo hasta la fecha. Son básicamente las familias de giros y mis Kelso con sangre de colorados, cuyos ancestros se remontan más o menos a 1983 u 84, cuando tenía una familia de Sweater, de Cecil Davis, que fueron muy buenos en su tiempo, muy ganadores. Todas mis familias de Kelso tienen una pequeña infusión de los Sweater de aquel entonces, pero ahora es realmente muy poco lo que les queda de Sweater. Estos Kelso son básicamente sangre de Pete Barker, la cual mantengo. También de ellos hice tres familias, a una le llamo gallos “del dos”, a otros les llamo “roncos” (éstos tienen infusión de gallos de Carol NeSmith), son un poquito calabacitos del pecho, con algunas plumitas cafés, y les llamo roncos porque son de voz muy ronca; por eso se distinguen de los otros, por su manera de cacarear. A mi otra familia de Kelso les llamo “la primera familia”; ésa partió también de la misma base, de los gallos de Barker. Tengo otra familia muy chiquita, de unos cuantos Radio, a ésos los tengo también desde hace unos 14 ó 15 años. Por último, tengo una familia con una pequeña infusión de Asil. Algunos de mis Kelso tienen 1/16, 1/8 ó 1/32 de esa familia de Asiles, y eso me ha dado buenos resultados, quizás no en apariencia, porque no se les nota mucho, pero sí tienen un toque de gallo oriental.

 

RJGZ – Pero eso surgió de manera casual, ¿no? Tengo entendido que no te gusta ese tipo de gallos.

 

Manolo Torres – Así es, en realidad no me interesaba para nada la sangre de Asil, pero al Dr. Daniel Buitrón, un compadre, le presté unas hembras giras y ese gallo que no me interesaba para nada. Tiempo después (ya ni me acordaba de habérselos dado), me invitó a ver jugar a los pollos, hijos de esa cruza, y me llevé una sorpresa: eran extraordinarios, buenos en media sangre. Entonces probé la misma cruza e hice una familia de ellos. Independientemente de eso, desde hace apenas unos tres años, tengo otra familia de Asiles; no conozco bien su origen, pero son de don Gonzalo Sandoval, él los juega. Somos muy amigos, así que me dio un par y los crucé con mi sangre de “roncos”; eso me dio un resultado increíble. Apenas estoy empezando a trabajar con esa familia.

 

RJGZ – ¿Hay alguna familia que hayas tenido y que no hayas querido continuar?

 

Manolo Torres – Tuve unos MaClanahan cuando estaba en el Rancho Santa Elena, hace unos 25 ó 26 años. Eran de Sabino Gómez, de San Luís Potosí. Los metí con las gallinas cruzadas con los Sweater de Cecil Bates y me dieron unos pollos extraordinarios, pero en la actualidad ya no tengo nada de esas familias.

 

RJGZ – Algunas de las cosas que he escuchado sobre ti es tu cualidad como criador; dicen que eres muy ambicioso en tus registros y sólo haces apareamientos individuales,

¿Nos podrías hablar un poco de ello?

 

Manolo Torres – Para mí, la calidad de los gallos se basa en varios factores. Uno de ellos, muy importante desde luego, es el manejo genético, el llevar orden absoluto en la selección de tus familias en la selección, saber cuál es la manera óptima para seleccionar: obviamente, el apareamiento individual. El manejo de mis registros genéticos lo tengo desde hace 30 años, y siempre he manejado apareamientos individuales, a veces más y otras un poco menos, pero normalmente apareo así de 300 a 400 hembras. Cuando estaba en Mascota, Jalisco, llegué a tener toda mi producción en apareamientos individuales y el resultado es muy bueno; es una manera sencilla de detectar y comparar la calidad entre hembras hermanas y de elegir de entre ellas a la que destaca; a esa es a la que se le dejan las pollas. Uno no puede estancarse en la calidad. Recuerdo muy bien una plática que tuve con el Ing. Mota, del partido “El Pedregal”. Yo le vendía muchos gallos, unos 700 u 800, y (al venir una pollada nueva), le dije: “Inge, vas a ver los pollos de este año, vienen unos Hermosísimos, preciosos. Al año siguiente me compró otros 800 e hice otra vez el mismo comentario “¡vas a ver los pollos del año que entra, van a ser unos pollos preciosos!”. Pero entonces me contestó que lo tenía “como burro con olote”, y me preguntó que cuándo saldrían los buenísimos, los de ese año. Por supuesto, respondí: “Ingeniero, lo que pasa es que cada año te diré lo mismo, porque cada año considero que voy un paso adelante”.

 

RJGZ – Algo que ha sido fundamental en mantener el nivel que tienes, es que no te cierras, no consideras que ya llegaste y que ahora sólo te queda “dormirte en tus laureles”. Veo en tu actitud, en tu manera de expresarte, esa inquietud por seguir buscando, por llegar (el próximo año o la próxima camada) un milímetro más lejos de donde estás ahora. Eso es lo que te ha permitido llegar al lugar donde estás actualmente, al que has llegado con todo merecimiento.

 

Manolo Torres – Gracias. En efecto, creo que esto no tiene límite, no hay un “ya llegué”, pues nunca se puede llegar. Lo que uno hace es esforzarse, trabajar, observar y probar los pollos nuevos, ésa es la satisfacción más grande que se puede tener. Sin embargo, para hacerlo, tengo que pensar cuál es el mejor semental.

 

RJGZ – Y, para ti, ¿cuál es el mejor semental?

 

Manolo Torres – Desde mi punto de vista, es el que da pollos promedio, un poco mejores que él. Puedo empezar de cero con un gallo regular, pero si sus hijos son muy buenos, el mejor de ellos me da pollos mejores, y así sucesivamente, en poco tiempo tendré gallos extraordinarios. Eso me hace meter todos los años. El 90 por ciento de mis sementales son pollos que meto a la cría y pueden ser extraordinarios sementales; sin embargo, para el año siguiente, meto sementales nuevos, que considero un pasito arriba, y eso mejora la

calidad promedio de los animales, desde luego, también a través de la selección de hembras. Por supuesto, eso es fundamental y se facilita mucho cuando tienes apareamientos individuales, ya que así puedes identificar las hembras. En cambio, en los lotes comunes, para sacar un poco de volumen sobre cruzas muy experimentadas, uno necesita tener una verdadera sensibilidad, un sentido de lo que realmente quiere. El cuerpo de un gallo te dice de inmediato cómo va a pelear; su estructura ósea, su conformación, hacen su estilo de pelea. Si quieres un gallo de poder, con mucho fondo, necesitarás uno de pechuga más larga, más huesudo, con músculos más largos y cabeza cuadrada. Obviamente eso te dará gallos de un fondo impresionante, de tipo más bankivoide, más pluma a las cruzadas, más golilla. Desde mi punto de vista, no es el ideal, porque debe haber un equilibrio entre poder y velocidad, eso es lo que hace maravilloso el gallo de pulgada: velocidad, reflejos, las patadas del gallo fino, las que entran al cuerpo.

 

RJGZ – Es decir, el gallo que hiere más profundamente…

 

Manolo Torres – Exacto, el que pelea con más sentido de daño al adversario: sin embargo, ese sentido, que puede ser el de más fondo, tiene que ir acompañado de velocidad, pero sin pasarse, porque entonces pierde puntería. Hay gallos demasiado estruendosos, aparatosos, que se van al aire y son puras patas; los que se llevan todos los aplausos de la noche, pero nada de dinero.

 

RJGZ – ¿Qué es lo que buscas en un gallo?

 

Manolo Torres – No me gusta el tipo de gallo que acabo de describir, sino el gallo más centrado en la pelea, con suficiente fondo y velocidad, porque hay que ganar los tiros, pero sin excederse de fondo, aunque eso hace gallos muy valientes: si no le dieron el primer tiro, su siguiente reacción será meter la cara, y el gallo que mete la cara y cambia golpes está muerto con esta clase de arma. No, jamás, los gallos deben pelear a pies parados; un gallo debe usar el pico para comer y las patas para pelear, pero jamás morder y, para lograr que no muerdan, debes quitarles cierto poder y, al hacerlo, tienes que aumentar su velocidad. Es lo mismo que un caballo de carreras pura sangre o un maratonista. Si analizas su conformación, tienen músculos y huesos largos, dan zancadas largas y pueden correr 40 kilómetros y seguir corriendo. En cambio, un corredor de 100 metros es el polo opuesto, sus músculos son redondos, es velocidad. En los gallos, llamaría al músculo redondo “poder de fondo” y no “poder de velocidad”, porque el golpe de un gallo con músculos redondos es de mucho más poder, más fuerte. También lo vemos en los boxeadores. Un boxeador de músculos redondos siempre es velocidad sin punch, mientras que uno de músculos más largos tiene mucho punch y poca velocidad. Todo eso va en relación directa con la selección que uno necesita en las hembras; seleccionar un gallo es mucho más fácil, mientras que seleccionar una hembra es buscar tu ideal de perfección para jugar para el tipo específico de navaja que quieres. No puede perder eso de vista quien quiera mantener una calidad homogénea, promedio.

 

RJGZ – En las charlas que he sostenido con criadores, sobre todo de Estados Unidos, me han dicho que sienten que se abusa de la velocidad, de la estética, y luego se obtienen gallos que, al llegar a las rayas, entran, cortan y lo hacen bien, pero, si se alarga la pelea, no saben qué hacer. Consideran que se está perdiendo clase en aras de la velocidad, o se está perdiendo fondo o finura. A veces, dicen, cuesta trabajo determinar qué se esté perdiendo y porqué el gallo no remata, porqué ha perdido esa agresividad para definir o terminar una pelea. ¿Estás de acuerdo con esa idea?

 

Manolo Torres – Completamente. Hace unos diez años, surgió la moda del gallo súper espigado, hermosísimo, cola abanicada preciosa, carita bellísima, ojos encendidos, patitas como lápiz, preciosos animales… pero no los seleccionaría para sacarles pollos. A un gallo tan espigado siempre le falta clase, es un gallo que no remata. Son gallos que ven al rival abajo y no lo rematan, que se voltean hacia el público y le dan una picadita en la golilla al otro gallo. Y eso no es más que resultado de una mala selección en cuanto a la calidad del ave para el arma que queremos. Esos gallos bellísimos pueden servir para otra cosa, pero no para jugar con nuestra arma. Por ejemplo, quizás mis gallinas no son muy hermosas, pero son muy homogéneas en cuanto a su estilo.

 

RJGZ – Hay varias que me gustaron y llamaron mucho mi atención, aunque debemos ponderar que están en la etapa de la pluma y no lucen lo mismo “bien vestidas que con harapos”.

 

Manolo Torres – Sí, desde luego, pero me refiero a que no son las más hermosas, aún con plumas, estéticamente. Quizá un pintor escogería una hembra más espigada, con cola de abanico, pero para quien conoce el arma con la que jugamos, y lo que es una pelea de gallos, prefiere el otro tipo: una hembra espiga media, ancha. La parte importantísima es la espiga y ese gallo espigado que estuvo de moda nunca me gustó. Me gustan de espiga media, porque así son mucho más profundos, finos y rematadores, y no gallos que se van al aire nada más a echar patadas.

 

RJGZ – En eso coincides con los galleros experimentados, con quienes he conversado en Estados Unidos. Y esos conceptos seguramente están respaldados por todos los años que llevas en el medio, por tu interesante trayectoria, Manolo.

 

Manolo Torres – Muchas gracias. Uno le entrega la vida a algo objetivo, a lo que te encanta, y a esto he dedicado mi vida entera, aunque no tenga vacaciones… pero mi vida entera son mis vacaciones, porque no hay nada que me guste más que disfrutar de la pollada, de mis sementales, pollos, gallos y todo lo que implica ser criador.

 

RJGZ – Además, tienes la fortuna de contar con un equipo de primer nivel, empezando por tu señora esposa.

 

Manolo Torres –Ésa es la fortuna más grande que tengo, mi esposa que es maravillosa. Su nombre es Lily y es hija de don Alfredo Mallorquín, gallero de toda la vida de Michoacán. La verdad es que hacemos un muy buen equipo en todos sentidos, mi mujer es lo mejor para mí.

 

RJGZ – A pesar de que ella es odontóloga de profesión, debería haber sido veterinaria, pues ella es quien sexa a los gallos, los marca y se encarga de la segunda etapa, por así decirlo, pues la primera es el semental y la gallina, y la segunda son los pollos, la incubación, el marcado y el sexado…

 

Manolo Torres – Sí, yo le entrego el huevo y ella se encarga de seleccionarlo: que tenga el tamaño correcto, el cascarón de forma adecuada. Luego, desinfecta el huevo, lo incuba, nacen los pollitos y los marca, los vacuna contra Marek y los sexa. Yo le entrego el huevo y ella me entrega todos los pollitos, todos los machos. Es una mujer que trabaja muchísimo, que se entrega, es el alma del negocio y quien hace que haya pollos.

 

RJGZ – Y también tienes un médico veterinario con el sello en el pecho de “Manolo Torres”, que tiene muchos años contigo y es parte fundamental para el cuidado de la salud de los animales.

 

Manolo Torres – Sí, José Luís tiene muchísimos años conmigo, desde muy jovencillo, casi niño. Cuando nos vinimos de Mascota a Morelia, se vino conmigo a estudiar su carrera, prácticamente yo lo crié y él es parte del rancho, de todos los que aquí trabajamos.

 

RJGZ – Y, además, están tus hijos.

 

Manolo Torres – También, totalmente entregados, Eduardo, el mayor, vive en Arandas y se encarga del rancho que tenemos allá, de toda la producción que tenemos en Arandas. Luego está Manolo, que se encarga de los asuntos de las trojes que tenemos aquí; estudia y trabaja conmigo también, y trabaja como loco todos los días, incluso fines de semana. A todos les encantan los gallos, hasta a Alejandro, el más chiquito, de 11 años, que en cuanto puede se va al rancho a ayudarles a sus hermanos.

 

RJGZ – Todo tu equipo ha colaborado contigo desde hace muchos años. ¿Cuántos ranchos tienes hoy día para sacar tu producción?

 

Manolo Torres – Son varios, lo que pasa es que mandamos también muchos pollos de seis semanas. A quienes les vendo esos pollos, el médico Juan Luis les brinda asesoría completa. Va de un lugar a otro, y les damos los programas de alimentación, manejo de las aves, etcétera.

 

RJGZ – ¿Qué cantidad de animales produces, Manolo, más o menos?

 

Manolo Torres – Me da hasta vergüenza decirlo, porque son muchos. Por ejemplo, a don Manuel Macho, un gran amigo y extraordinaria persona con muchas ganas de hacer las cosas bien y gallos extraordinariamente bien criados, le mando unos mil 500 pollos.

 

RJGZ – ¿En dónde está él?

 

Manolo Torres – En Durango. Y lo mismo mando a Tepic, Nayarit, y a Jaime Orozco, en Guanajuato, a quien le mando sobre dos mil pollos por año. Les digo: “déjame a mí todos los problemas y tú encárgate de desarrollarlos”. Se los mando de seis semanas, con todas las vacunas puestas; no tienen que volver a hacer nada más que unas escaleritas y darles de comer la dieta que nosotros les indicamos, que es una dieta extraordinaria. Por ejemplo, ahora es temporada de aguas y no vez un pollo que estornude. En fin, que tengo muchísimas entregas de animales.

 

RJGZ – ¿También juegas?

 

Manolo Torres – No, sólo vendo gallos puestos, pero nunca juego. A veces tenemos algo en el rancho, pero yo no juego. Tenemos en la gallera a Arturo Rodríguez, otro muchacho que también está conmigo igual que el médico, y él se encarga de todo lo que es jugada, él coordina todo. Tenemos muchas corridas puestas, de 3 a 5 por semana y él se encarga de esa área.

 

RJGZ – Sin embargo, supongo que a veces asistes, ¿no? Como apoyo moral para quien te compró los gallos, por decirlo de alguna manera.

 

Manolo Torres – Sí, desde luego, no me aguanto y voy a ver jugar a mis gallos. Necesito ir a verlos jugar.

 

RJGZ – Aquí debemos mencionar algo que seguramente te genera mucha satisfacción: no te anuncias, pero muchos en todo país saben quién es Manolo Torres.

 

Manolo Torres – Bueno, son años de trabajo.

 

RJGZ – Sí, pero también son años de calidad. Conozco a mucha gente que tiene muchos años en esto, incluso más que tu y yo juntos, pero no dan un golpe o dan un golpe y quieren vivir de eso el resto de su vida. Es decir, hay gente que, por falta de conocimiento o asesoría, gastan mucho dinero sin obtener los resultados esperados. Pero todos hablan de Manolo Torres con respeto.

 

Manolo Torres – Es algo que me da mucho gusto y satisfacción. Trabajo como loco para que mis gallos compitan al mejor nivel que puedan, que den buenos resultados y si lo consigo, me siento muy satisfecho. Eso es lo que me hace trabajar cada día, querer más o buscar mejor calidad todo el tiempo, pero mi equipo de trabajo es, en verdad, el alma de todo esto: Arturo Reyes, Juan Luís, mis hijos, Luís Figueroa (ahora en la gallera de Jiquilpan), con resultados extraordinarios.

 

RJGZ – Pero la sinfónica suena bien cuando el director la dirige correctamente.

 

Manolo Torres – Es que a todos les gusta y eso hace que todo salga bien. Los que trabajan en ello están contentos y satisfechos, y con ese gusto por su trabajo, hacen que todo funcione.

 

RJGZ – Eso es fundamental. A veces te encuentras galleros a quienes les va muy bien, pero el beneficio sólo es para ellos, no para su equipo, así que llega un momento en que el equipo le dice “adiós”, porque los entretiene sólo con promesas y miserias.

 

Manolo Torres – Así es. Por eso yo no considero el rancho o el negocio sólo mío, sino que es de todo mi equipo. Le digo a todos que a mí me toca la peor parte: preocuparme de que haya dinero para comprar el alimento, pagar sueldos y repartir. Eso es lo peor, es lo que no me gusta de mi negocio. De hecho, me gustaría poder ser yo quien hiciera todo, porque todas las áreas me encantan, pero cada área está dirigida por uno de ellos.

 

RJGZ – Manolo, cuando seleccionas un pollo para probarlo como semental, independientemente de que conoces a la perfección la trayectoria de tus aves y llevas registros minuciosos, ¿qué otro criterio empleas para seleccionarlos?

 

Manolo Torres – Creo que los elijo con base en la sensibilidad. Los que meto con las gallinas son gallos que nacieron para eso, que genéticamente los “creamos” para ser reproductores, eso es fundamental. Lo otro es actitud del gallo. La primera selección que debe tener un gallo es el carácter, porque es lo que lo hace llegar al palenque: un gallo de carácter sólido, seguro de sí mismo. No me ha sucedido, pero a veces hay gallos que en la gallera son extraordinarios, pero al llegar al palenque se transforman, se asustan; esos gallos no sirven y eso se hereda. Un gallo tímido te dará gallos tímidos. El carácter es básico, y tampoco se trata de elegir gallos bravos, porque un gallo bravo normalmente es más tímido que los demás, el “bravear” es una defensa, en realidad son muy cobardes. Mi deber es hacer que quien me compra gallos gane y, para eso, lo primero es venderles gallos muy buenos, parejos; jamás vender un animal que no sea de primera. El hecho de que se trate de animales que se adapten, que puedan viajar y lleguen en buenas, que no se estresen… todo eso te lo da el carácter del gallo. Otra cosa es la crianza, eso es tan importante como la calidad genética. Yo busco pollos que desarrollen la molleja maravillosamente, porque si el gallo se cría con una molleja sana y bien desarrollada, comerá y digerirá bien, con facilidad. Los alimentos peletizados no hacen mollejas fuertes. Los aparatos digestivos de los animales tienen tres estómagos: el buche, el proventrículo y la molleja. En el buche se humedece la comida, ésta pasa al proventriculo, donde se segregan jugos gástricos y enzimas, y luego la molleja, que hace entre cuatro y cinco contracciones por minuto, tritura el grano. La fuerza que necesita ese músculo es una fuerza increíble y esas contracciones necesitan gran irrigación de sangre, por eso los pollos suben a la siesta inmediatamente después de comer, para no utilizar sus músculos, sino sólo la molleja. Esas mollejas fuertes hacen que los animales sean muy fáciles de manejar en cualquier gallera.

 

RJGZ – Si en este momento llegara un chico a tocar la puerta de tu casa y te dijera: “Sr. Torres, yo lo admiro mucho y quiero ser criador”, ¿qué consejos le darías?

 

Manolo Torres – Que no se metiera en esto…

 

RJGZ – ¿Y si te convence de que de verdad está dispuesto?

 

Manolo Torres –Antes que nada, le diría que meterte en esto es entregarle tu vida. Si quieres destacar, no existe otra forma. Tienes que ser sumamente disciplinado en tu manejo, tanto genético como de crianza, y además se necesita algo que creo que sólo te lo da Dios: el don de poder seleccionar, de decidir el estilo de tus gallos, la manera como pelean.

 

RJGZ – ¿Cómo vez el futuro de la gallística, cuáles son las expectativas que tienes para los próximos años?

 

Manolo Torres – Se están organizando algunos eventos muy importantes, como los que hacen los doctores Cornejo y Aubert, ellos lo manejan maravillosamente bien. Por fortuna, no se necesita tanto dinero para entrar a esos eventos, sino más bien premios muy interesantes con poco dinero. Pienso que esto tiene que crecer y hacerse un poco más al estilo como se juega, o jugaba, en Estados Unidos, y no jugar fortunas para hacer un partido de primera división, sino tener calidad de gallos, nada más.

 

RJGZ – A final de cuentas, lo que se impone es la calidad.

 

Manolo Torres – Así es, no son los millones, sino la calidad. De ellos surgen los conocimientos y buenos manejos.

 

RJGZ – Entonces, tu expectativa es que esto siga creciendo, ¿crees que aún habrá mayores oportunidades de eventos de mejor nivel de competencia?

 

Manolo Torres – Sí, creo que los últimos años la gallística ha crecido inmensamente, tanto en conocimientos de los galleros como en el manejo y la calidad de gallos y eventos. Antes era muy reducido, muy poca la gente que jugaba gallos buenos; en México no había tanta calidad de gallos. El gallo nacional no era tan bueno y eso hacía que el gallo americano fuera muy exclusivo Ahora los gallos “gringos” siguen siendo muy buenos, pero ya tenemos competencia en México para topar con quien sea.

 

RJGZ – Y ya contamos con alimentos y complementos alimenticios de mucho mejor nivel, vitaminas de muy buena calidad, producidas en México; es decir, se están dando las cosas para que la crianza de gallos en México alcance el nivel que verdaderamente le corresponde.

 

Manolo Torres – Claro, estamos trabajando en ello. Pienso que aún nos falta tiempo, porque esto requiere un poco de paciencia y un criador de gallos no se hace de la noche a la mañana. Primero tiene que considerar hacer su sangre. ¿Qué sucede si voy a Estados Unidos y compro un trío? Sacaré la calidad que ese criador quiere que saque, pero sólo eso. Entonces, la única forma de caminar solo es hacer tu propia sangre, mejorarla, Conservarla y sacar provecho.

 

RJGZ – Y también se requiere mucha paciencia, Manolo, porque hay muchos compañeros que compran tríos al gallero más distinguido, y cinco meses después ya quieren estar jugando los pollos con el partido más importante… y las cosas no son así.

 

Manolo Torres – No, esto requiere planear y hacer las cosas con mucha anticipación. Si quieres jugar el próximo año, tienes que comprar pollos hoy; si quieres comprar hoy gallos machos para jugar este mismo año, seguramente no tendrás la calidad necesaria. Si empiezo a manejar una línea de gallos hoy, debo estar consciente de que el verdadero resultado lo obtendré dentro de cuatro o cinco años, para que se reproduzcan, crezcan, haga yo familias, etcétera.

 

RJGZ – ¿Crees que el hecho de llevar un lote de animales a un lugar distante, con un clima totalmente distinto, y dejarlos allá unos tres o cuatro años, esa sangre puede traer un vigor especial, gracias a esas condiciones climáticas tan diferentes?

 

Manolo Torres – Quizás luego de muchos años.

 

RJGZ – Yo estoy hablando de cuando menos cinco años, considerando que su metabolismo es tres veces más rápido que el nuestro…

 

Manolo Torres – Sí, pero aun así, si crías pollos en lugares semidesérticos o selváticos, a la larga tendrás diferencias en su desarrollo y eso debe proveerlos con defensas contra sus depredadores naturales. Si criamos gallos en lugares selváticos, a la larga tendrán mayor plumaje y menos peso, para poder defenderse volando; y si los crías en un lugar semidesértico, serán de músculos más redondos y correrán para defenderse de sus depredadores… pero estamos hablando de algo que ocurriría en un lapso muy largo.

 

RJGZ – El punto es que, a veces, la gente quiere que estos cambios se den de una temporada a otra, y eso es imposible.

 

Manolo Torres – Así es. Como criador, he criado en muchas partes, en Durango, Nayarit, Jalisco, Oaxaca, Guerrero, Michoacán… y hay algo que sé es real. Si recuerdas a los grandes gallos nacionales de hace tres o cuatro décadas, encontrarás que los mejores que había en el país siempre fueron los gallos de Italpa, Mascota o Tacámbaro.

 

RJGZ – Del Sr. Rubirosa…

 

Manolo Torres – Sí, y son lugares donde los gallos se crían maravillosamente. Es un hábitat extraordinario para ellos, precisamente por eso me fui a vivir a Mascota, Jalisco, buscando el mejor lugar. A mí me daba lo mismo, primero me fui a vivir a la Sierra de San Sebastián, donde éramos 500 habitantes en la cabecera municipal; me fui con mi esposa y con mi hijo Manolo Estuvimos criando ahí y nunca utilicé incubadoras, todo lo sacaba yo por apareamiento individual: la hembra se echaba, sacaba sus pollos y criábamos unos 3,500 pollos, y la crianza era estupenda. Ya antes de romper postura, la calidad de los embriones era maravillosa, pero es un clima extraordinario, estamos hablando de 1,500 metros sobre el nivel del mar, a 25 Km. del mar, lo que te hace una zona con una humedad maravillosa. Hasta la fecha, criamos también en Mascota, tenemos un rancho donde soltamos pollos, con Leandro Peña, a quien le mandamos unos mil pollos.

 

RJGZ – Manolo, quiero agradecerte a ti y a tu equipo, especialmente a Juan Luís, que nos anduvo llevando y trayendo, por la magnífica disposición, por tu tiempo.

 

Manolo Torres – Muchas gracias, con todo gusto, lo que se te ofrezca.

 

Por: Rodolfo J. Guerrero Zúñiga

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