Teorías de Consanguinidad e Hibridación

Félix Cruz López

Muchas revistas, web sites, criadores y galleros en el mundo a diario discuten las distintas teorías de reproducción de nuestras aves, manifestándose dos tendencias claramente definidas que son la teoría de los cruzamientos de consanguinidad (entre parientes) y la tendencia a los cruzamientos de sangres distintas (hibridación).

 

Los cruzamientos consanguíneos, basados en la teoría de Mendel, nos garantizan la pureza de sangre y son desde luego más fáciles de practicar que los de hibridación. Durante la selección para la cría usted puede observar a un gallo y una gallina, parientes próximos, como buenos para la cría y si la observación, de estas dos aves aconseja su empleo en la reproducción, podemos casi asegurar que de su cruzamiento se obtendrán resultados excelentes.

Claro es que la descendencia de una pareja excelente no será toda igual a la de sus padres. Las leyes de reproducción señalan una proporción de productos buenos en la relación de uno a tres, es decir, que de cada tres hijos probablemente uno conservará las buenas características de los padres, mientras tres no habrán logrado alcanzar el grado de perfección que distinguía a sus antecesores, pero siempre sabremos que de ese cultivo, se obtendrá algún buen resultado y la observación primero y el combate después, se encargarán de revelarnos o darnos una buena idea cual es el ejemplar notable, eliminando automáticamente los ejemplares no aptos para la reproducción.

Debe tenerse muy en cuenta, que aunque los caracteres físicos y fisiológicos de un gallo son una primera manifestación de su calidad, no son los únicos, ni los más importantes de las condiciones que deben tener que concurrir para ser señalados como ejemplares selectos. Así pues, de nuestros cultivos debemos separar, siguiendo el sistema de consanguinidad, aquellas crías que no tengan los caracteres físicos y fisiológicos de sus padres, pero aún de aquellos pollos que conservaron estas características raciales, debemos de hacer una escrupulosa selección, por la observación de las características morales, de tenacidad, cría, inteligencia, facilidad de orientación y valor para la lucha con los elementos, que constituyen el factor de calidad, sin el cual ningún ave puede ser considerada de buena calidad y excelencia.

Claro está que el principal medio que tenemos a nuestro alcance para poner de manifiesto estas buenas cualidades es el combate de nuestros gallos. Al lado de este las cualidades físicas y fisiológicas son precisas también, bellas cualidades morales. Provista de unas y no de otras de estas cualidades el gallo de pelea no es nada. Y he aquí porqué y hasta nueva orden, el combate de nuestros gallos es siempre el soberano juez del valor deportivo de nuestros demasiados caros amigos, los gallos de pelea.

Si siguen las leyes de Mendel y la teoría de consanguinidad notaran que es preciso que eliminen al menos tres cuartas partes de nuestra producción para obtener unos ejemplares notables, así que será más difícil aún lograr estos resultados por cruzamientos de hibridación.

En estos cruzamientos he hibridación la selección de los padres debe esmerarse aún más, puesto que, sobre la investigación de sus cualidades físicas y morales, ha de estudiarse, con la mayor atención, la procedencia de los reproductores, para poder deducir de ella la posibilidad del apareamiento, en relación con la facilidad de la regresión o salto atrás, desfavorable que puedan presentar los productos obtenidos con este cultivo.

Es pues necesario que el criador de esta clase de cruzamientos, conozca perfectamente los caracteres regresivos perjudiciales para la conservación de la especie, tanto en los padres como en la descendencia. En los primeros, para no realizar apareamientos entre individuos que los presenten, y en los segundos para eliminar, aquellos gallos que tales caracteres se manifiesten.

Y si, a la dificultad grandísima de conocer las procedencias, tan numerosas ya, de los padres, se añade la no menos grave de conocer estos caracteres regresivos de cada especie y la necesidad de esperar la tercera generación, para tener confirmación del éxito o fracaso logrado, no es de extrañar que no sean de aconsejar los cruzamientos de hibridación, más que en aquellos casos en que, los conocimientos del cultivador sean ya de tal importancia que le permitan juzgar, por cuenta propia y con garantía bastante del resultado obtenido.

En cambio cabe señalar, al cruzamiento por hibridación, la ventaja innegable de poder mejorar la especie y aún crear variedades nuevas, ya que, este sistema, es el seguido por la mayor parte de los criadores que lograron perpetuar su nombre, asociado al de la variedad por ellos creada.

 

Por: Félix Cruz López

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